Foro de la Real Universidad de Aragón y de la Universidad de Valencia (La UniVal)


 
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 De Valencia a Aragón

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MensajeTema: De Valencia a Aragón   Sáb Jun 12, 2010 11:33 am

Era pronto, aún no había salido el sol, cuando el pelirrojo se levantó, bajó a la cocina y puso el agua a calentar para el té. Desayunó, se vistió veloz y cargó con un pesado baúl de madera hasta el carruaje. Allí ya esperaba el cochero, con el portón de la casa abierto. Ayudó al hombre a subir el baúl al carruaje y el pelirrojo se subió al habitáculo con un par de libros bajo el brazo.

¿Está listo, Señor? – preguntó el sirviente por la ventanilla – Los caballos ya están preparados.

Sí, vamos allá – dijo animado el Rector – A paso ligero, que el tiempo apremia.

El vehículo comenzó a moverse lentamente, y cuando estuvo fuera de la finca el sirviente se bajó para cerrar la verja de la entrada. Gulf echó algo en falta.

¡Espera!
– grito – Que nos dejamos al sabueso – explicó tras haber asustado al sirviente – ¡¡¡Fito!!! – gritó aún más fuerte, tras dar un potente silbido.

El animal, un perro de tamaño considerable apareció al cabo de un minuto entre las altas hierbas de la finca, con la lengua fuera y el hocico manchado de tierra. Gulf abrió la puerta del carruaje y lo dejó entrar a sus pies. Le acarició la cabeza y le hizo una nueva señal al cochero.

Bajaron la pindia cuesta desde la Casa de la Colina hasta la ciudad de Valencia, y al pasar junto a la casa de Vicky de Souza sacó la mano por la ventanilla. Sabía que le despediría desde su ventana, entristecida por su partida por un viaje de trabajo.

Pronto las casas de Valencia quedaron lejanas, y el carruaje, aún de noche comenzó a atravesar un espeso bosque. Gulf entrecerraba los ojos para poder ver el camino, tan sólo alumbrado con los pequeños focos del coche de caballos.
Con los primero rayos del sol de la mañana, atravesaron Segorbe, un pueblo aún dormido. Tan sólo se cruzaron con un par de mujeres de mediana edad que cargaban con mercancías hacia el mercado de la plaza.

Tras un buen rato entre los árboles, vieron desde las montañas como se acercaban al mar. Desde lo alto, destacaba donde se acababan las casas, junto al muelle, un voluminoso barco de velas blancas. Fito sacaba la cabeza por la ventanilla y lo observaba atento, con la lengua fuera, refrescándose con el viento de las montañas. Gulf, ojeaba un libro en cuya tapa ponía “Latín para torpes”.

Poco después del mediodía pasaron la frontera con Cataluña y el cochero pidió hacer una parada para almorzar. Sacó una cesta de mimbre, repartió unos pedazos de carne asada y unos trozos de hogaza de pan. El cielo comenzaba a nublarse, y los dos hombres y el animal se apresuraron a terminar.

Vamos, antes de que se nos agüe el vino – dijo tapando su copa con la mano para evitar que las primeras gotas entrasen.

Apresuradamente volvieron al carruaje y el conductor se puso de nuevo en marcha. Comenzaron a descender. El cielo, ennegrecido, y la niebla a penas dejaba vislumbrar la próxima Tortosa. El cochero hizo una nueva parada para encender los faroles.

Al cabo de media hora, entraron en el pueblo, que Gulf reconoció por sus continuadas visitas. Tocó con los nudillos en el cristal y el sirviente giró la cabeza para escuchar aminorando el paso.

Monseñor Daniel me dijo que nos esperaba en El Gran Pez – explicó.

Sí, Señor – contestó el sirviente asintiendo con la cabeza – Está aquí al lado.

Atravesó un par de callejuelas más y paró junto a un edificio antiguo, con luz en su interior y bastante bullicio. Se apeó y corrió hasta la tejavana que cubría la puerta. La lluvia era intensa. Fito hizo lo mismo, acompañado por el cochero, que dejó los caballos amarrados junto al edificio. Entraron los tres a la taberna, observando cada mesa en busca del Obispo.




FRP: Este hilo es para trasladar a _Daniel_ de la Universidad de Valencia a la de Aragón. Es abierto, por si alguien quiere participar, pero respeten el rp, por favor.
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MensajeTema: Re: De Valencia a Aragón   Sáb Jun 12, 2010 4:41 pm

Al Obispo se le amontonaba el trabajo en la ciudad de Tortosa, primero una boda y luego un bautismo, estaba casi a punto de acabar con el último sacramento cuando se apresuró un monaguillo indicándole que llegaba tarde a la cita con el Rector de Valencia.

Acabada la ceremonia se dispuso a ir al lugar donde había quedado con el hermano Gulf, el tiempo había empeorado por momentos pero no era impedimento para él.

Al llegar estaba allí, se dispuso a ir a su lado. Muy buenas noches nos dé el Altísimo, hermano.

Espero que haya sido un viaje placentero. Puesto que todavía queda un gran trecho hasta Aragón.
Si vos no tienes ningún inconveniente mañana por la mañana saldremos rumbo a Tarragona.


MonSeñor Daniel Esteve estuvo expectante a ver la reacción del Rector Valenciano y fue buena ante la noticia del inminente viaje.

Acompañen al monaguillo que os indicará unas habitaciones en la casa parroquial del pueblo para que podáis descansar bien del viaje.
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MensajeTema: Re: De Valencia a Aragón   Dom Jun 13, 2010 12:53 am

Los dos hombres miraron a ambos lados en la sala, pero no reconocieron al obispo por ningún lado.

Tomemos asiento, estará al llegar – dijo Gulf.

Los dos hombres caminaron entre las mesas hasta llegar a una vacía junto a la pared. Tomaron asiento uno enfrente del otro y el perro se coló por debajo y se tumbó a los pies del pelirrojo. El sirviente temblaba de frío.

Hermenegildo, ¿tienes frío? – preguntó preocupado – Bueno, es obvio que sí… Quítate esa capa y toma la mía. Está empapada – dijo soltándose la propia y pasándola sobre la mesa – Camarera, por favor – llamó – una… cerveza, ¿no? – dijo mirando al sirviente – y un té caliente para mi. Gracias.

La mujer se marchó tras la barra y pronto volvió con el pedido. Lo posó sobre la mesa y se retiró con una sonrisa.

Que mala noche, madre mía
– se quejó el pelirrojo.

Sí, Señor, muy mala. Apenas se distingue el camino, dudo que podamos seguir, está embarrado todo
– contestó Hermenegildo.

Gulf levantó la cabeza para ver a un grupo de hombres que se acercaba. Era Monseñor Daniel y su séquito. Les hizo una seña para que esperasen en la puerta.

Muy buenas noches nos dé el Altísimo, hermanos
– dijo a la vez que tomaba asiento junto al Rector - Espero que haya sido un viaje placentero. Puesto que todavía queda un gran trecho hasta Aragón. Si vos no tienes ningún inconveniente mañana por la mañana saldremos rumbo a Tarragona.

Gulf estrechó su mano con fuerza e inclinó la cabeza. Lo mismo hizo su sirviente.

Eso mismo comentábamos, amigo – dijo el pelirrojo – Dice Hermenegildo que el camino está impracticable esta noche, mejor descansaremos hasta mañana.

Acompañen al monaguillo que os indicará unas habitaciones en la casa parroquial del pueblo para que podáis descansar bien del viaje – explicó el Obispo.

Gracias, muchas gracias – dijo Gulf.

El Obispo dio un pequeño salto sobre su asiento y miró bajo la mesa asustado.

Disculpe, lo siento – se apresuró a decir Gulf – Es Fito, que quería saludarlo también – dijo observando la babeada mano del Obispo – Permítame un momento – dijo cogiéndosela y secándola con su manga.

El sirviente, que tenía sus caras de frente, esbozaba una sonrisa y se aguantaba la risa como podía. Tomó un trago de cerveza para disimular.

Bien, entonces, si está de acuerdo, mañana nos vemos al amanecer en la casa parroquial, para partir hacia Tarragona pronto. Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra*.

Los tres hombres se pusieron en pie y se despidieron hasta la mañana siguiente. El Obispo hizo una señal a un hombre bajito y joven, el monaguillo, que se acercó a ellos para acompañarlos.

Salieron de la taberna y subieron al carruaje. La lluvia comenzaba a remitir. El monaguillo guió al cochero entre las calles hasta llegar a una casa cercana a la iglesia del pueblo, le indicó donde dejar a los caballos y los acompaño a unas sencillas habitaciones del segundo piso del edificio.

Gulf entró en una de las habitaciones, y tras ponerse su ropa de noche, se metió entre las cálidas sábanas, notando como Fito se tumbaba a sus pies para descansar. Se quedaron dormidos al instante.




*El tiempo vuela, como las nubes, como las naves, como las sombras.
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MensajeTema: Re: De Valencia a Aragón   Dom Jun 13, 2010 4:53 pm

A las 6 de la mañana se levantó el Obispo para realizar sus rezos matutinos, desayunó y mandó despertar a los huéspedes. Esperando que no sea muy temprano para ellos puesto que hoy sería un viaje largo primero Tarragona donde comerían el almuerzo y luego Lérida. Donde harían noche al ser sede de su Obispado.

Su secretario lo tenía todo apuntado en su hoja de ruta e hizo una copia para la otra carreta.

Casi acabando su desayuno hicieron acto de presencia sus huéspedes con cara de sueño todavía.

Muy buenos días nos dé el Altísimo, hermanos; dijo el Obispo. A quien madruga, Dios le ayuda. Apostilló.

Cuando estén listos salimos, mis cosas ya están cargadas en el carruaje. Allí los espero.
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MensajeTema: Re: De Valencia a Aragón   Dom Jun 13, 2010 9:13 pm

Un fuerte golpe en la puerta los despertó esa mañana, por decirlo algo, pues aún no había salido el sol.

Buenos días, Señor, Monseñor Daniel me envía para avisaros de la hora
– explicó el hombre.

Dígale a Monseñor, que se va a levantar su madre… - hizo una pausa – No, mejor no le diga nada, ahora vamos – rectificó.

Cruzó el pasillo y llamó a la puerta de Hermenegildo. Abrió la puerta y dejó que Fito lo despertara. El animal se subió sobre la cama y le lamió la cara.

Vamos dormilón, que nos reclaman – dijo desde la puerta.

Los tres bajaron al comedor, una joven les preparó un rico desayuno y se marcharon para reunirse con el Obispo.

Muy buenos días nos dé el Altísimo, hermanos - dijo el Obispo - A quien madruga, Dios le ayuda – continuó mostrando una sonrisa - Cuando estén listos salimos, mis cosas ya están cargadas en el carruaje. Allí los espero.

No tardamos, sólo queda recoger los baúles – contestó el Rector.

Poco después, salieron a la calle. El sol ya lucía entre las montañas, y el cielo estaba despejado de nuevo. Cargaron los baúles en el carruaje y Hermenegildo subió al asiento del conductor. Gulf se acercó al otro carruaje y asomó la cabeza por la ventanilla.

Por el Glorioso San Jorge … - exclamó – pero si se lleva aquí a medio Reino… - dijo observando a los guardias y el secretario del Obispo – Bueno, nosotros ya estamos, les seguiremos de cerca.

El Obispo hizo una pequeña inclinación con la cabeza y Gulf se retiró, subió a su carruaje y acomodó entre sus piernas al animal. El vehículo se puso en marcha entre las calles de Tortosa.

Ambos carruajes siguieron un estrecho camino ascendiendo junto al río Ebro. Al cabo de un rato el carruaje del Obispo cogió una desviación a la derecha y se separó del camino del río. Comenzaron a subir un pequeño puerto.

Madre mía… que caballos más lentos – le dijo el pelirrojo al sabueso – Y yo tengo hambre… - se paró a pensar – Claro… es que al Obispo le pesa el culo…

Continuó el ascenso y de pronto se vieron rodeados de árboles. Al fin, llegaron a la parte más alta y comenzó el descenso del puerto. El propio peso de los carruajes llenos de personas les hacía ir a mayor velocidad. El mar se dejó ver entre las pequeñas colinas, un mar conocido para Gulf. Había vivido mucho tiempo en Tarragona.

Quédate aquí – le dijo al perro.

Cuidadosamente, aprovechando un tramo recto, abrió la puerta del carruaje y se subió al banco del cochero.

Señor… ¿qué hace?
– preguntó asustado el sirviente.

Salgo a tomar el aire, ¿qué te parece? – explicó el pelirrojo.

Pues… siendo sincero... imprudente – dijo Hermenegildo – Podía haberse caído…

Me conozco hasta los baches de estos camino – dijo Gulf – y tampoco habría sido una gran pérdida… Bueno, déjame las riendas un poco, descansa.

Gulf cogió las riendas y las agitó con fuerza. Hermenegildo se agarró al asiento. Los caballos aceleraron el paso y se acercaron al otro carruaje.

¿Nos divertimos un poco? – preguntó Gulf - ¡Agárrate!

El hombre movía la cabeza hacia los lados diciendo que no, pero no le hizo caso. Se agarró con fuerza. Gulf empezó a estimular a los caballos para que se diesen más prisa y tirando del lado izquierdo un poco hizo que se desplazaran a un costado de la calzada. Agitó con más fuerza y los caballos se pusieron a la par de los del otro carruaje.

¡Señor Obispo! – gritó Gulf tocando la ventanilla de del otro carruaje con los nudillos - ¡Qué se quedan atrás! – dijo poniéndose un poco más adelante y estrechando la mano del otro cochero que le miraba absorto – Encantado – le dijo.

¡Señor Gulf! ¡Pero no suelte las riendas! – le gritó a su lado Hermenegildo.
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MensajeTema: Re: De Valencia a Aragón   Dom Jun 13, 2010 10:30 pm

Emprendieron el camino relativamente temprano, dirección primero a Tarragona y luego a Lérida.

El Obispo iba haciendo papeles durante el trayecto puesto que su secretario lo tenía todo muy bien medido, dándole tiempo a realizar sus rezos y sus pequeñas siestas.

Al coronar un puerto de montaña, ya llegando a Tarragona se escuchó mucho jaleo en el otro carruaje y de pronto el Rector tocó la puerta del carruaje del Obispo.

Por el amor de Dios, ¿qué hace señor Rector?
Quedándose muy parado el Obispo. Señor perdonalo no sabe lo que hace y es muy joven aún.

Menos mal que ya queda poco para la comida
pensó, supongo que tendrá prisa por comer.

No tardaron ni 30 minutos en llegar a Tarragona y mientras llegaban a la posada para el almuerzo MonSeñor Daniel Esteve se dirigió a la Catedral de Tarragona para orar.

Luego se reunió con todo el sequito en la posada y al acabar de comer se dirigió otra vez al Rector.

¿Listo para salir nuevamente de viaje? Esta vez si quiere puede ir vos delante el camino hacia Lérida está mejor señalizado. Y lo importante es llegar.
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MensajeTema: Re: De Valencia a Aragón   Lun Jun 14, 2010 10:42 am

¿Listo para salir nuevamente de viaje? Esta vez si quiere puede ir vos delante el camino hacia Lérida está mejor señalizado. Y lo importante es llegar… - le dijo el Obispo.

Claro, siempre estamos preparados – contestó – ¿verdad Hermenegildo?

El hombre asintió con la cabeza. Aún estaba pálido del susto. El Rector tras ponerse a la par del otro carruaje, había divisado un estrecho puente para entrar a la ciudad, y al no caber los dos vehículos había azotado a los caballos con más fuerza para pasar delante. Rozando los muros laterales del pequeño puente y a los caballos del otro carruaje habían conseguido pasar, pero la cara de Hermenigildo había sido de tremendo terror.

Conducirá Hermenegildo, iremos detrás – dijo.

El séquito de Monseñor Daniel se preparó para el viaje y Gulf hizo lo mismo. Subieron al carruaje y Fito se subió al banco enfrente de Gulf. Se tumbó y Gulf le revolvió el pelo de la cabeza.
El viaje comenzó tranquilo. Un pequeño ascenso bajo el sol primero, que después se convirtió en una empinada cuesta al llegar a la Cordillera Costero Catalana. Gulf observaba aburrido el ascenso del otro vehículo, meneándose hacia los lados por los baches del camino e inclinándose peligrosamente en las cerradas curvas. Llegaron a un alto y desde allí pudieron ver a un lado un valle y al otro el mar Mediterráneo.

Que aburrimiento – le dijo el pelirrojo al animal.

El perro se bajó del banco para jugar con su dueño. Le mordisqueó la mano y le empujó hasta casi tirarle del banco. Al cabo de un rato de tonterías, Gulf se puso serio.

¡Tengo una idea! – dijo y tocó en el cristal para llamar la atención del cochero – Para aquí, para un momento – pidió.

El vehículo se paró dejando perderse al de delante entre los árboles. Gulf abrió la puerta y se bajó, acompañado de Fito. Se acercó a los caballos.

Hermenegildo, sigue al carruaje, tú no les pierdas – dijo desatando a uno de los caballos – Tengo ganas de montar y a Fito le hace falta estirar las patas, que no la pata…

El pelirrojo se subió al caballo, de pelo negruzco y lo espoleó para que comenzase a caminar. Hermenegildo puso en marcha el carruaje para pillar a los otros y seguirlos de cerca. A los pocos minutos se encontraron de nuevo con los compañeros de viaje, que habían aminorado la marcha al dejar de verlos.

Gulf volvió a ponerse a la par como era costumbre y tras saludar al Obispo a través del cristal los adelantó sin problema. Monseñor Daniel levantó la vista de su trabajo y los saludó con normalidad.
Siguieron avanzando veloces por el camino. Gulf miraba a Fito y el perro contestaba con un ladrido. Estaba contento, se sentía libre. Continuó a caballo durante cerca de una hora, hasta que notó que Fito llevaba la lengua fuera. Paró a un costado y cogió al sabueso en brazos, poniéndolo con dos patas a cada lado del caballo. El caballo relinchó quejándose por el peso. Se pusieron otra vez en marcha y se dejaron alcanzar por los carruajes.

Cuando el del Señor Obispo estuvo suficientemente cerca, Gulf se giró y llamó a su sirviente.

¡Hermenegildo! – grito - ¡Atento al caballo!

Dejando al perro sobre el caballo, saltó sobre uno de los costados del carruaje del Obispo y llamó en el cristal con los nudillos. Soltó las riendas del caballo y se las puso a Fito en la boca. El caballo aminoró la marcha al dejar de sentir al hombre encima y Hermenegildo cogió las riendas del animal para anudarlas a un costado de su vehículo. Fito saltó como pudo junto al sirviente.
Volvió a tocar a la puerta del Obispo y abrió un poco viendo dentro al secretario y a la guardia.

¿Se puede?
– dijo colocándose el pelo con la mano que tenía libre.
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MensajeTema: Re: De Valencia a Aragón   Lun Jun 21, 2010 6:21 pm

El Obispo observaba sus papeles y se llevaba pequeños sobresaltos con las locuras del Rector Valenciano. Todos los rectores acaban locos o por el estilo.

Pronto llegaron a Lérida, hicieron la misa en la Catedral y por la mañana llegarón a Monzón desde ese día la residencia del Obispo.

Luego hicieron camino hacia Zaragoza para hablar con el Rector de Aragón puesto que la universidad estaba en la Capital del Reino.
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MensajeTema: Re: De Valencia a Aragón   Miér Jun 23, 2010 11:54 pm

Tras hacer noche en Lérida, el viaje continuó hasta Monzón, donde ambos carruajes pararon unos minutos para dejar el equipaje del Obispo en su nueva casa. Poco después, volvieron al camino para continuar hasta la capital.

Buenos días – dijo Gulf en la entrada de la Universidad – ¿Podría guiarnos al despacho del Rector? – pidió al conserje – Nos está esperando.

Claro, acompáñenme por favor – dijo el hombre saliendo de detrás del mostrador – Es arriba.

Le siguieron por los desconocidos pasillos hasta llegar a una robusta puerta. El hombre tocó con los nudillos.

Aquí es – dijo – Señor Rector, tiene visita.

Y los dos valencianos esperaron en la puerta hasta que les diesen paso.

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